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> Televisión vs. Internet: ¿Falso dilema?

Entre los temas más ajetreados por los analistas y falsos analistas de los medios de comunicación en los últimos años se encuentra la discusión sobre la posible decadencia de la televisión, sea abierta o de paga, a manos de la Internet. El concepto es que el público, ávido de interactividad, se irá volcando a las actividades propias de la Web, abandonando la contemplación pasiva de la pantalla que tantas multitudes atrajo en los últimos cincuenta años. Los críticos de la televisión utilizan como argumentos las noticias acerca de la caída de los rátings de audiencia de las cadenas de aire, la fragmentación de públicos producida por la disponibilidad teórica de centenares de canales de cable -o en DTH- y las frecuentes críticas a la calidad de la programación que la TV ofrece.

Estos argumentos olvidan un aspecto fundamental: que la televisión es un medio "reactivo" y por lo tanto "pasivo", en tanto las actividades de Internet son "activas". Si usted no teclea el teclado o clickea el mouse o "ratón" constantemente, no pasa nada.

La importancia de esta diferencia es que hay momentos del día en que usted se siente una persona activa, con ganas de hacer cosas, y hay otros momentos en que quiere estar tranquila, que la diviertan, que la entretengan. Mientras esto no cambie, habrá espacios de la jornada para la Internet, y otros para la televisión.

Los niños y adolescentes son capaces del multitasking (multitareas) y pueden moverse por la Internet, enviar mensajes de texto, hablar por teléfono -cada vez más, celular- y mirra televisión al mismo tiempo. Pero esto es más una demostración de energía (transitoria, por otra parte) que una filosofía. A medida que la persona va envejeciendo -y el promedio de edad de la población crece en casi todo el mundo- irá dando preferencia a una de esas actividades a la vez, a cambio de una mayor concentración en la misma, y mejores resultados en su ejercicio.

¿Significa esto que la televisión puede quedarse tranquila? No. La TV, sea de aire o por suscripción (cable, inalámbrica, satelital), deberá seguir ganándose la voluntad del público todos los días. La TV de aire está utilizando métodos preocupantes: sexo, violencia, sensacionalismo, "amarillismo", "crónica roja". Cuando esto empieza a fallar, está aplicando el "voyeurismo": le ofrece al público la falsa ilusión de participar en los entretelones del espectáculo. El recurso es peligroso porque ahuyenta al público que los anunciantes prefieren -que migran al cable- y conduce a la crisis económica del medio, pero no a su destrucción.

La Internet ofrece un mundo distinto, pero también tiene su lado oscuro. Y el espectador o espectadora son los mismos. El sexo, el poder y la muerte -o el temor a ella- son los drivers (factores dinamizantes) más importantes, con la curiosidad y la búsqueda de información en un cuarto y lejano lugar. Este planteo no difiere gran cosa, en lo estratégico, del enfoque que la audiencia le plantea a la televisión. Y la táctica tampoco difiere: cuando una persona accede por primera vez a la Internet, comienza visitando una cantidad de sitios; después, se acostumbra a frecuentar no más de una docena de ellos, de los cuales seis o siete son los preferidos. Y esto es lo mismo que se hace con la televisión: por muchos canales que haya disponibles, nadie mira más de seis o siete. Las personas paranóicas pueden llegar a doce o trece, pero estos casos son poco frecuentes porque las manías compulsivas suelen volcarse hacia otros aspectos de la vida cotidiana.

 

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