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En la serie Lie to me, un experto (interpretado por Tim Roth) determina cuándo la gente está mintiendo o siente repulsión contra algo, a partir de gestos faciales y movimientos corporales |
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Si bien la mayoría de los estudios realizados hasta la fecha se han basado en la comunicación visual directa (la lectura, la televisión) y sonora (el habla, la radio), el ser humano también se forma opiniones a través de lo que podríamos denominar las formas indirectas, como la gestual -una sonrisa falsa puede arruinar cualquier declaración aparentemente positiva- y la manera en que se dicen las cosas, como es el caso de la ironía y el sarcasmo, donde es necesario interpretar los textos y vocablos a la luz de criterios diferentes a los que se emplearían habitualmente.
Esto se presenta en el caso de los insultos: la frase ¡Que hijo de puta! (en México sería ¡Hijo de la chingada!) puede tener un significado que va desde el rechazo absoluto -se lo considera el peor de los insultos- hasta la admiración por haber logrado el "insultado" un resultado positivo con métodos poco ortodoxos.
El humor es particularmente difícil de decodificar porque hay personas que toman los textos al pie de la letra; es célebre el caso del libro Para leer al Pato Donald , de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, donde se intentó una crítica despiadada a personajes hilarantes como Uncle Scrooge, traducido como Tío Patilludo o Rico McPato según quien lo haya abordado. Analizar airadamente a un personaje cuya principal diversión es zambullirse en una pila de monedas y billetes requiere, ciertamente, de una actitud mental demasiado enfocada.
Las dificultades de la comunicación
Otro aspecto esencial a la comprensión del fenómeno de la comunicación es que hay que partir de que el individuo promedio -no hablamos de niños- tiene ya una cantidad de convicciones acumuladas y será complicado hacerle cambiar de opinión hablándole. Esto, sin perjuicio de que esa persona vaya cambiando de "conjunto de opiniones": a lo largo de su vida y, como caso típico, sea de izquierda o reformista en su juventud y de derecha o conservadora a partir de os 40 años. La frase 'el que a los veinte no es de izquierda, no tiene corazón; el que a los cuarenta no es de derecha, no tiene cerebro' ejemplifica la situación.
El concepto es que cada persona tiene, en cada momento de su vida, creencias establecidas. Y que será muy difícil que acepte modificarlas por haber estado expuesta a un mensaje de un medio de comunicación. O sea que no es cierto que los medios de comunicación tengan el poder de modificar las creencias de la gente.
Los medios de comunicación pueden crear percepciones en la gente cuando las personas no tienen una opinión preestablecida sobre un cierto tema. Es decir, cuando tienen incertidumbre sobre algún tema, o falta de interés hacia el mismo. Ahí entra a tallar el concepto de información , generando una percepción donde antes no la había, o donde había dudas entre dos o más posibilidades.
Lo que más influye en la formación de las percepciones es el contexto en que crece la persona, particularmente en su infancia y adolescencia. Probablemente más del 75% de las ideas que esa persona maneja sean producto de experiencias en su casa, la escuela, contacto con sus amigos y su vida cotidiana en general. En esto, los medios de comunicación -incluyendo los videojuegos- son un complemento, que puede convertirse en importante si hay escaso aporte del entorno cotidiano.
¿Significa esto que cada uno de nosotros tiene un destino prefijado, como si fuera una tragedia griega? No. El contexto nos va modificando a todo lo largo de la vida. Una suma de estímulos en un cierto sentido, como por ejemplo ver niños desnutridos, puede modificar el plan de vida de una persona. Hay una frase, La verdad se ve, rara vez se oye, que parece indicar que son más efectivos los estímulos no provocados -por ejemplo, ver efectivamente a un niño desnutrido o hambriento en la calle- que los inducidos por los medios de comunicación, como podría ser una campaña de solidaridad. La ventaja de las campañas, como las Teletones en Chile. México y otros países, es su masividad: con un programa de TV se puede incitar a millones de personas a la vez, en tanto la observación individual es accidental y efímera.
Lo que debe quedar en claro es que los medios de comunicación no movilizan a las masas por su mera existencia. Sí pueden actuar de catalizadores, cuando muestran algo con lo cual el espectador está de acuerdo. Pero, tiene que existir esa predisposición por parte del individuo; nadie en contra de una cierta causa va a salir a la calle y unirse a una manifestación a favor de ella porque haya visto un mensaje en radio o televisión promoviéndola. Lo más probable es que cambie de canal cuando tal alegato aparezca.
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