¿De qué sirve la TV?
Los detractores de la televisión, comenzando por aquellos que la llaman "caja boba", olvidan un aspecto fundamental: les guste o no a ellos, millones de personas buscan en la televisión las claves para relacionarse con otros seres humanos y para encontrar la clave de conflictos que su formación no les permite encarar. Esto, además de quienes simplemente buscan encontrar gente que pasa por circunstancias que les resultan graciosas porque a esos espectadores no les suceden: 'Ese está peor que yo' es una confesión habitual.
Goar Mestre le atribuía a la TV características de 'elemento de promoción' y es cierto que los espectadores quieren tener los objetos y servicios que aparecen en pantalla, cuando les despiertan una necesidad. Pero hay más: en las series de TV bien escritas, los libretistas vuelcan experiencias de la vida real que pueden ser aprovechadas por cualquiera para su relacionamiento con el entorno. Programas como los añejos Cheers y Seinfeld, o los más recientes Everybody Loves Raymond (Sony), Two and a Half Men (Warner) o los impecables Simpson (Fox) aportan datos sobre qué hacer y qué no hacer. Incluso la "crónica roja" de hechos policiales aporta nociones de defensa propia, prudencia y señala errores que pueden costarle la vida a una persona.
¿Qué se puede aprender de Homero Simpson? Mucho. Y no es de sorprenderse que el icónico hombrecillo amarillo lleve veinte años en la atención pública, sin decaer. Es que su persona contiene los elementos del bien y del mal que hay en los humanos. Y el esquema cerrado Ciudad Springfield, con sus personajes que hoy son buenos y la semana que viene malos -lo cual hasta se aplica a Marge, Bart y Lisa-, representa el entorno en que se mueve la gente.
Los críticos de la TV añoran un medio instructivo, educativo, que enseñe historia y buenos modales. La mayoría de las personas no miraría tal espectáculo; los factores que atraen al público son conflicto, volumen y proximidad: la pérdida de 280 pasajeros de un avión estrellado causa infinitamente mayor repercusión que 280 accidentes de tránsito con una victima cada uno, o 140 con dos. Una noticia desagradable, se estima, atrae siete veces más la atención que una noticia agradable.
Los canales de turismo y salud, buena idea en los papeles, no levantan vuelo porque no plantean conflictos, Y muchos otros intentos se quedan en las buenas intenciones porque tampoco presentan fuerzas encontradas o no lo hacen bien.
La vulgaridad que plantean muchos programas es una respuesta a la falta de sensibilidad de la audiencia, pero es un efecto más que una causa. No es función de la TV "educar" al público; puede pulir detalles y, por contraste, arrojar luz sobre aspectos de la relación humana y el comportamiento que cualquier persona puede aprovechar en su vida personal, si está preparada para hacerlo.
Parece un objetivo modesto, pero no lo es.
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